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Capitulo 3 La Clinica Del Doctor Ramirez Exclusive -

La campana de la puerta sonó con un timbre viejo cuando Marta empujó el vidrio hacia dentro. La recepción, bañada por la luz mortecina de un mediodía nublado, olía a desinfectante y a café recalentado. Tras el mostrador, una planta de hojas enfermas inclinaba su tallo hacia la ventana; sobre la pared, un reloj de péndulo marcaba un minuto más lento que los demás.

—Voy a tomarle una muestra de sangre y otra de saliva —dijo—. También necesito que me describa exactamente cuándo comenzaron

La recepcionista, una mujer de ojos cansados que apenas levantó la mirada, buscó en una carpeta amarilla. capitulo 3 la clinica del doctor ramirez exclusive

—Marta, ¿verdad? —preguntó él sin levantarse—. Siéntese.

El pasillo olía a papel y a algo metálico. Cuadros de paisajes colgaban torcidos, como si hubieran sido colocados a la carrera. Marta dejó sus pasos ralentizarse al llegar a la puerta numerada. La abrió con el borde de la mano y entró. La campana de la puerta sonó con un

—Necesito hacerle una prueba. No es invasiva, pero requiere que confíe en mí.

Afuera, la lluvia comenzó a tamborilear en el tejado. El doctor se levantó, se colocó una bata y encendió una lámpara articulada sobre la mesa. De un cajón sacó una pequeña caja metálica con instrumentos cuidadosamente envueltos. Marta, aun con el corazón acelerado, sintió un extraño alivio: la promesa de una explicación tangible. —Voy a tomarle una muestra de sangre y

—He leído su historial —continuó el doctor—. Dolores desde hace meses, náuseas intermitentes, pérdida de apetito… ¿qué más?

Capítulo 3 — La clínica del doctor Ramírez

Marta concibió una breve lista: el mareo al levantarse, el sueño fragmentado, la sensación de una mano invisible apretándole el pecho en noches de insomnio. Expuso los síntomas con cautela, como quien entrega una confesión que teme no sea creída.

—Confío —respondió ella, aunque las palabras le parecieron pequeñas frente al abismo de incertidumbres.